Nadie conquistó sin arriesgar

on

Existe un mito de cuando Hernán Cortés llegó al puerto de Veracruz. Se dice que salió exiliado de Cuba y del imperio español junto con su ejército, a bordo de unos cuantos barcos. Una vez que llegó, mandó hundir todos sus barcos con una sencilla razón.

No había regreso a casa porque ese colchón de seguridad dejó de existir. Si regresaban, morían por desobedecer órdenes.

Hay demasiadas moralejas de esta historia pero en la que me enfocaré ahora es en arriesgar.

Todos esos soldados arriesgaron su integridad para un fin que ellos consideraban importante.

Arriesgaron el acogimiento de una nación para la búsqueda de la gloria y la riqueza.

Abordando el tema en tiempos más actuales y situaciones de la vida cotidiana, es fácil percatarse que la frase “Nadie conquistó sin arriesgar” sigue aplicando. Te lo explicaré con algunos ejemplos que he visto en personas cercanas a mí.

Nadie conquistó sin arriesgar

Durante mi época universitaria conocí a una persona que arriesgó su integridad física y su salud al entrenar arduamente para una competencia. Su motivación estaba en los niveles más altos y su enfoque era inmovible al fin que se había propuesto. Después de lograr su objetivo, buscó seguir en ese nivel de enfoque pero sopesando y controlando el riesgo a su salud.

Antes de que se graduara, ya le llovían ofertas de trabajo muy llamativas. Todo por el simple hecho de arriesgar.

Conocí, también, a alguien que tenía un camino que muchos considerarían seguro si seguía estudiando en la universidad. Sin embargo, nunca se sintió lleno ni completo en sus clases. Le interesaban cosas completamente distintas a lo que se encontraba estudiando y eventualmente decidió salirse de la escuela.

Podrías decir que tomó una mala decisión por dejar su futuro seguro. Recientemente platiqué con esta persona y me platicó que le estaba yendo muy bien en lo que hacía. Era sencillo notar su ambición por lograr sus objetivos.

Muchas veces pensamos que estamos arriesgando algo cuando en realidad sólo cambiamos el enfoque de nuestra vida.

Pienso que el éxito recae en la responsabilidad de cada uno. Es decir, yo soy el que dicta que tan exitoso soy. El riesgo que tomo con mis decisiones, en la mayoría de las ocasiones, es sólo a causa de preceptos bien enraizados en la sociedad. Si dejo a un lado mi título de ingeniería por enfocarme en mis proyectos, el riesgo estará dictado en las ganas y el tiempo que les dedique.

Si arriesgo mi salud física por enfocarme en ser el mejor atleta de la ciudad, el riesgo estará dictado en cosas cuantificables, como las horas de sueño, la cantidad de comida que consumo o qué tan correctamente entreno.

Si arriesgo mi éxito por tomar un trabajo en donde pagan menos pero me siento más realizado, el riesgo es meramente virtual. Nadie me puede decir que soy o no soy exitoso porque eso depende de la visión de cada persona.

Hay ocasiones donde el riesgo no existe o se puede controlar fácilmente. En otras instancias no lo es. Exponerse a situaciones de vivencias precarias o de extrema violencia es un riesgo que definitivamente no puedes controlar.

Pero ese riesgo incontrolable puede traer dividendos extremos si superas esa situación.

¡Arriesga y conquista!