Define tu propio futuro

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Los últimos dos semestres de mis estudios universitarios se vieron llenos de dudas, motivación e incertidumbre sobre lo que me espera del futuro. A muchas personas les hacía la misma pregunta:

Al salir de la universidad, ¿no sentías ganas de hacer muchas cosas y adelantar el tiempo?

Recibí muchas respuestas, algunas de empresarios micro famosos a nivel nacional. También mis papás llegaron a respondérmela. Los consejos que me dieron fueron muy variados:

  • No eches al caño tus estudios
  • Tu carrera es una gran oportunidad para salir adelante y que te abrirá muchas puertas. ¡No la dejes de lado!
  • Cuando te titules, mándame tu currículum y te consigo un trabajo fregón como ingeniero.
  • Deberías de hacer lo que dicte tu corazón y lo que te haga más feliz.
  • Haz lo que quieras. Nadie tiene el control de lo que tú quieres lograr o hacer.
  • Me motiva mucho ver todo lo que haces. Continúa con tu camino porque estoy seguro que lograrás cosas extraordinarias.

¿Quién tendrá la razón?

Antes que todo quiero compartirte una anécdota de mi vida. Unos 5 o 6 años antes de que estuviera en donde estoy ahora, física, mental y espiritualmente, no tenía ni idea de lo que quería hacer de mi vida. Me la pasaba, como diría mi mamá, “a dos nalgas” en frente de mi computadora jugando video juegos hasta 12 horas seguidas. Descuidaba mi imagen personal, no creía en las relaciones personales y mi vida amorosa ni existía.

Era un típico nerd que no se preocupaba por el aspecto social de su vida por prestarle demasiada atención a cosas que no lo merecen.

Comencé a dar un giro de 180 grados cuando entré a la carrera profesional. Uno de mis buenos amigos, que en ese entonces aún no lo era, empezó a motivarme a ser quien soy ahora. Además aprendí a ser auténtico, vulnerable y a dejarme llevar ante cualquier situación.

Años después me encontraba en la búsqueda de mi primer empleo a manera de prácticas profesionales. Dudo que a un buen reclutador le interese la opinión y el trabajo de un muchacho cohibido y con finta de fachoso. Duré un periodo no tan prolongado, pero se sintió largo, para encontrar un trabajo.

Grande fue la sorpresa mía cuando conquisté el proceso de reclutamiento siendo contratado a la primera entrevista. Aparte de muchos otros sucesos personales, me di cuenta de algo muy grande e importante.

De un simple zarpazo rompí los paradigmas que había hacia mi persona delante de mi familia. 2014 fue el año en donde el capullo apenas estaba saliendo de su zona de confort. Además de lo que ya te mencioné, también conocí en persona a una de mis más grandes fuentes de motivación, Aarón Benítez. En unos cuantos meses logré muchas cosas fuera de lo común.

Si mi versión de 22 le dijera que haría todo eso a mi versión de 16 es seguro que me mostraría renuente.

Me la paso 12 horas al día jugando MapleStory. ¿Sinceramente crees que pueda hacer todo eso? No lo creo. Soy un simple estudiante de preparatoria que ni si quiera puede tramparse a las chavas más fáciles de la escuela.

Fue difícil escribir ese último párrafo. Fue físicamente incómodo. Pensar que tenía ideas tan erróneas de lo que podía hacer y de quién era me hace creer que no tenía las agallas de tomar las riendas de mi vida.

Me di cuenta que yo soy el principal factor para hacer que las cosas sucedan. Depende completamente de mí si lo que deseo se completa o no.

¿Quién fue la persona que me dijo que debía de hacer algo específico para lograr lo que he logrado?

Nadie.

Así.

En negritas, centrado y con una etiqueta HTML <h1>.

Así de importante es esta idea.

Nadie durante esos 6 años de vida me dijo específicamente qué hacer para llegar a donde estoy ahora. Definitivamente hubo muy buenos tips, como los de mi amigo al entrar la carrera universitaria.

Pero nadie me dijo que hacer lo que estaba haciendo era incorrecto. Nadie me dijo que ellos harían tal cosa si fueran yo. Nadie me dijo que siguiera lo que dicta mi corazón.

Nadie me dijo ninguna de esas cosas por una simple y sencilla razón.

No le pregunté a nadie qué era lo que debía de hacer

Ningún ser humano nace siendo omnisciente ni sabiendo qué es lo mejor para los siete mil millones de habitantes de la Tierra. De igual manera no descarto la sabiduría que tienen algunas personas, pero el argumento sigue estando vigente.

Es natural para las mujeres que dan a luz saber cómo cuidar a su recién nacido. Es como si en el mismo instante que su bebé nace, el instinto materno se apoderara de su cerebro y conocieran detalles desde cómo cargarlo hasta qué significa su llanto.

De esa forma es como debemos de vivir cada uno nuestras vidas.

¿Qué es lo que te hace sentir bien?

¿Qué es lo que se siente natural para ti?

El futuro, tu propio futuro, se va a ir construyendo sobre la marcha. Dorothy sabía que tenía que cruzar el camino amarillo para conocer al Mago de Oz y regresar a su casa.

Tú no conoces tu camino de ladrillos amarillos.

Tú no conoces quién es el Mago de Oz de tu historia.

Lo que si sabes, al igual que Dorothy, es tu propósito. Y si no, ¿qué esperas para encontrarlo?

La respuesta para saber qué te depara el futuro está dentro de ti mismo.